Terapia emocional

Los sentimientos y  emociones son el material principal en una terapia porque contienen una información muy valiosa sobre lo que nos conviene para ser felices, desarrollar nuestro potencial  y conseguir nuestros objetivos. Tendemos a querer quitarnos las emociones de tristeza, miedo o ira porque las sentimos como desagradables; nuestro organismo se activa demasiado como en la ira, o nos falta energía como ocurre con la tristeza. Pero ninguna emoción o sentimiento tienen por qué ser vividos como algo negativo sino que podemos escuchar e interpretarlos, pues es una comunicación muy útil que nos avisa de alguna necesidad que estamos ignorando o reprimiendo; todo depende de la intensidad emocional, ya que si es muy elevada puede desbordarnos y provocar en nosotros reacciones desproporcionadas. Por eso, necesitamos un entorno seguro en el que podamos observar nuestros sentimientos aunque sean muy elevados.

En la terapia emocional buscamos con interés todo lo que sentimos y cómo lo vivimos en el cuerpo, ya sea tensión muscular, un nudo en la garganta, dolor de cabeza, o fatiga, porque esas señales o signos están asociados a un estado de carencia. Puede que me sienta triste y tenga ganas de llorar, o me cueste hacer las tareas más simples porque he perdido a alguien o algo importante. Puede que me sienta rabioso porque se ha vulnerado un derecho mío o de alguien querido lo que aumenta la tensión y me cuesta dormir o tengo pesadillas.

Nuestras necesidades son muy diversas y cambiantes, dependen del momento vital en el que nos encontramos y de nuestra personalidad. Existen necesidades fisiológicas (el sueño, alimentación…) que son las más inmediatas y reconocidas, pero también otras como las emocionales, sensoriales, afectivas, sexuales, sociales, culturales, académicas, artísticas, espirituales, etc.

El mundo emocional es como un laberinto con muchos rincones interesantes en los que descubriremos nuestros deseos y necesidades más profundos. Si rechazamos nuestros sentimientos no los podremos conocer ni comprender; y si negamos nuestras necesidades, no las podremos satisfacer. La terapia emocional ofrece un espacio de aceptación y serenidad para tolerar el malestar de la tristeza, miedo, etc. y así poder escucharnos qué necesitamos.